domingo, 18 de agosto de 2019

Viejas infancias porteñas parte I: Casa de Niños Expósitos


Visita guiada que se llevó a cabo el 15 de agosto de 2019 por el historiador Pablo Cowen como parte del programa Cabildo en Foco del Museo Histórico Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo, en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
La Casa de Niños Expósitos fue fundada el 7 de agosto de 1779 por el virrey Vértiz, quien fue el segundo virrey en el Río de la Plata, ante la necesidad de socorrer a la cantidad de niños abandonados que había en la ciudad de Buenos Aires, capital del virreinato. Muchos de esos niños eran producto de violaciones a mujeres nativas por parte de los soldados que el rey Carlos III envió a la flamante capital del nuevo virreinato para protegerla. Los niños eran abandonados en las calles donde solían ser devorados por  los perros o cerdos que abundaban en la zona. Otros eran arrojados en zanjas, algunos  eran atropellados por los carruajes o se ahogaban en los charcos. Esta información es recogida a través de los testimonios de la época, sean estos, documentos judiciales, autobiografías y/o memorias, muchos de los cuales contienen relatos aterradores y permiten conocer que a dicha Casa llegaban niños de todos los sectores de la ciudad; tanto de los sectores populares como de los sectores altos.
En la Casa de Niños Expósitos existía un torno que había sido  traído de Andalucía, en el cual se colocaba al niño, se tocaba una campanilla y alguien, en el interior del edificio, lo recogía.
Los niños que generalmente eran depositados en la casa eran recién nacidos. Los testimonios no muestran casos de niños de más de 6 o 7 meses que hayan sido depositados. Cabe aclarar que, entre los sectores populares, sobre todo, y sectores medios, la gente no conocía su edad. Los cumpleaños comúnmente no se festejaban si no el día del santo por el nombre que tenían. Pero, a pesar de esta aclaración, podemos concluir que se trataba de niños recién nacidos o, más tardar, de 7 meses de vida. A diferencia de lo que ocurría en la Casa de Huérfanas de Buenos Aires, donde solo se permitían niñas pero había allí de todas las edades.
Los niños que ingresaban a la Casa de Expósitos generalmente morían al año y medio de haber ingresado. Esto sucedía debido a los cuidados que  recibían, muchos de ellos bien intencionados, los cuales reflejan la ignorancia de la época, sobre todo en lo pertinente a la alimentación. Algo con lo que se alimentaba a los niños era el suero de la carne, jugo de la carne, y con leche de vaca o cabra. Hay que tener en cuenta que el organismo de los bebés no está adaptado para este tipo de alimentos. Es por eso que aparece, como sucedió en Europa y América del Norte, la lactancia mercenaria. La misma consistía en que una mujer iba  a darle de lactar a los niños de la casa. Esto fue una solución y un negocio. Un negocio porque muchas mujeres llegaban a la Casa de Expósito con sus propios hijos diciendo que en realidad habían sido abandonados, debido a que estas mujeres recibían algún dinero por hacer esto.
La Casa de Niños Expósitos estaba ubicada donde estuvo, posteriormente, la antigua Casa Cuna.
Durante el reinado del Borbón  Carlos IV, rey de España,  hubo una serie de modificaciones  muy  importantes, desde el punto de vista legal, en relación a los Expósitos. Una de ellas fue que ya  no había que llamar a los niños “Expósitos”; debido a que era muy común que salieran con ese nombre; Miguel, Pablo, María de Expósito. Esto se prohibió a partir de ese momento,  aunque en la costumbre continuó durante mucho tiempo. 
Los niños allí recibían algún tipo de instrucción como leer, escribir y nociones de religión. En una época donde la Iglesia Católica tenía una fuerte influencia, suele ser difícil discernir hasta cuando una obra es del gobierno civil y otra de la Iglesia. Pero la Casa dependía del gobierno civil.
Algo que sucedía los domingos en la Casa era que se colocaba a los niños en exposición para que alguien que tuviera las intenciones de adoptarlo, acorde a sus deseos, pudiera hacerlo. Hay un caso muy famoso que es el del artista Benito Quinquela Martin, quien él mismo relata que fue depositado en la Casa y que un día una pareja de una guaraní y un italiano decidieron adoptarlo y termino viviendo en el barrio de La Boca. Ya en una edad avanzada, Martin confeso que un día se presento una pareja, argumentando que eran sus padres biológicos, por lo cual, Martin no tuvo interés en ellos y continuo con su vida artística.
Algo que podemos rescatar de la historia de Quinquela Martin es el hecho de que muchas veces los padres biológicos se acercaban a la Casa de Niños Expósitos a pedir por sus hijos argumentando de que les había renacido el amor paternal y que se habían arrepentido por la decisión de haberlos dejado allí. Existe la duda de que en realidad no haya sido un autentico renacer del amor de los padres hacia sus hijos, si no el simple hecho de que los menores se encontraban en edad de trabajar.
Respecto a la minoría de edad en la época colonial, estamos hablando de que las personas, según la ley, alcanzaban la mayoría de edad a los 25 años. Es por eso que, en muchos casos, se presentaban dificultades entre el menor que demandaba  a sus padres, ya que para el matrimonio, por ejemplo, se necesitaba la autorización paternal, debido a que sus intereses chocaba contra los de sus progenitores y los primeros llevaban el asunto ante un juez y estos, generalmente, resolvían a favor de los menores. Un caso muy conocido en la Historia Argentina es el de Mariquita Sánchez cuando lleva el asunto de querer contraer matrimonio con su primo Thompson ante el virrey, a pesar de la oposición paterna, que termina fallando a favor de Mariquita.

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